Los sentidos que cambian sabores

El mundo de la gastronomía puede ser realmente misterioso y la mayoría de nosotros no somos conscientes de ello. Normalmente, a quienes nos gusta comer, nos gusta también conocer cosas sobre la comida pero nos centramos, casi siempre, en dos aspectos: el nutricional y el sabor. Olvidamos que la comida puede llegar a ser mucho más, y hoy estoy dispuesta a demostrarlo.

Del mismo modo que el sabor de un buen vino puede agudizar nuestro paladar para comer un buen corte de queso curado, ciertos alimentos pueden verse potenciados cuando los mezclamos con algunas bebidas o con otros sabores. Y lo que es aún más interesante, hay sabores que se ven potenciados notablemente al tomarlos en ciertos ambientes, a cierta temperatura e incluso junto a ciertos olores.

Lógicamente todo esto tiene que ver con nuestros sentidos que son los que, al fin y al cabo, se mezclan para dar lugar a esas sensaciones tan maravillosas. Está genial tener un agradable aroma en la estancia pero está aún mejor tener ese aroma y comer una onza de chocolate. Está genial probar el sushi en un restaurante cinco estrellas pero está aún mejor hacerlo en un ambiente relajado con una copa de vino blanco en la mano. Las percepciones de nuestros sentidos cambian dependiendo de nuestro estado y el sabor de los alimentos o, más bien, el modo en el que los saboreamos nosotros.

Mi última experiencia

En Barcelona hay una cadena de hoteles, Hoteles Mercer, que son famosos por tener restaurantes dirigidos por auténticos maestros de la cocina. Por ejemplo, el Mercer Barcelona cuenta en su restaurante con el Chef Harry Wieding, experto en cocina catalana que apuesta por dar a los platos una visión personalizada de cada receta. Sin embargo, cuando quise alojarme allí, hace un par de semanas, tenían el hotel al completo y me derivaron al Mercer House Bòria Bcn, un hotel cuyas habitaciones son lofts pensados para que sus huéspedes puedan sentirse como en casa con todos los servicios de un hotel de lujo, salvo uno, el restaurante.

En realidad no desmerece nada porque los desayunos están deliciosos, el Born (barrio en el que se encuentra) es una maravilla y las habitaciones son fantásticas, pero yo quería probar la magia del chef Wieding, así que pedí que me reservaran mesa, una de las noches que estaría all,í en el restaurante del Mercer Barcelona. Sin embargo, alguien me había hablado previamente de que para saborear realmente los platos de este magnífico chef hay que tastarlos con tranquilidad, sin prisas, sintiendo cada textura. Eso me llevó a pensar que, ya que dedicaría esa tarde para mí, lo mejor que podía hacer es reservar cita previa en uno de los mejores spa de la ciudad condal, el Evasiom Spa.

Cuando llegué al Mercer Barcelona tenía tal estado de relajación que podría haberme dormido allí mismo, y es curioso, porque no me refiero a un estado de cansancio en el que se te cierran los ojos. Nada de eso. Más bien a un estado en el que te sientes tan bien contigo mismo, tan relajado y tan en paz, que no te resultaría complicado cerrar los ojos y dormir, a pesar de no tener sueño.

Y así fue como metí el primer bocado del menú degustación del restaurante en mi boca y como sentí que todos los sabores explotaban al contacto con mi paladar y con mi lengua. Magníficas mezclas de dulces y salados que hacían de aquellos platos un manjar digno del mejor gourmet. Y con esto no quiero decir que la comida de Wieding no sea ya de por sí una auténtica maravilla, pero, como ya he dicho, hay ciertas cosas que pueden potenciar más los sabores, y ese estado de ánimo en el que me encontraba es, totalmente, una de ellas.