Las carillas y los blanqueamientos se encuentran entre los tratamientos más solicitados en las clínicas dentales en España. Con frecuencia acudimos al dentista para mejorar la apariencia de nuestros dientes. En esta rama, el blanqueamiento por LED es el tratamiento estrella. Sin embargo, hay manchas que no puede eliminar. Cosa que si podemos hacer con las carillas. ¿Cuándo recurrir a una solución o a otra? Te lo explicamos a continuación.
Los dientes se enturbian y amarillean con los años. Es un proceso natural. Sucede aunque los limpiemos a diario. Esto se debe a que el esmalte dental se va desgastando con el tiempo. Acciones como fumar, tomar café con frecuencia o determinados fármacos, pueden acelerar el proceso y dejarnos manchas que nos resultan incómodas.
El color de los dientes es una preocupación que está presente en la población. Tanto es así, que la industria no para de ofrecernos productos para tener los dientes más blancos. Algunos de ellos, inspirados en los tratamientos que se realizan en las clínicas dentales.
Los dentistas de H.Q. Tenerife, una clínica dental multidisciplinar de Tenerife Sur, nos dicen que cuando se trata de estética dental lo mejor es acudir a una clínica de odontología. La apariencia de la boca es importante, pero no lo es menos la salud de los dientes. Solo desde una clínica dental podemos mejorar el aspecto de nuestra sonrisa sin que la fortaleza y salud de los dientes se vea resentida.
Salud y estética no tienen por qué entrar en contraposición. Lo vamos a ver en dos de los tratamientos dentales más utilizados: las carillas dentales y el blanqueamiento dental.
Carillas dentales.
Tal y como recuerda un artículo publicado en la revista La Buena Vida, las carillas dentales son unas finísimas láminas que se adhieren a la parte visible del diente para mejorar su aspecto. Su función es puramente estética, y resultan especialmente útiles cuando se quiere corregir manchas persistentes, pequeñas fracturas, desgastes o desalineaciones leves que afectan a la armonía de la sonrisa.
En la fabricación de carillas dentales existen dos materiales protagonistas: la porcelana y el composite. Aunque a simple vista puedan parecer iguales, la experiencia del paciente y el resultado final pueden variar considerablemente.
Las carillas de porcelana son las más valoradas por su capacidad para imitar con precisión la apariencia y el brillo natural del diente. Su acabado es tan realista que de cerca pasan totalmente desapercibidas. Además, la porcelana resiste muy bien las manchas, por lo que conserva su color durante años, incluso en personas que consumen café, vino tinto o té. También son las más duraderas: bien cuidadas, pueden mantenerse en perfecto estado más de una década.
Las carillas de composite, en cambio, destacan por ser más asequibles y por permitir un tratamiento menos invasivo. El dentista esculpe el material directamente sobre el diente, moldeándolo capa a capa hasta lograr la forma y el color deseados. Esta técnica ofrece resultados inmediatos y suele requerir un desgaste mínimo del esmalte, lo que hace que algunos pacientes las consideren una opción más adecuada. Su principal desventaja es que el composite tiende a perder brillo y a pigmentarse con más facilidad, por lo que los retoques son más frecuentes.
El procedimiento para colocarlas depende mucho del material. En el caso de la porcelana, el tratamiento suele efectuarse en varias visitas. Primero, el dentista evalúa la salud dental del paciente y planifica el diseño de la futura sonrisa. Después, se realiza un ligero desgaste del esmalte para crear espacio para colocar la carilla, se toman impresiones y se envían al laboratorio, donde se fabrican de manera personalizada. Una vez listas, se prueban, se ajustan y finalmente se cementan de forma definitiva. Es un tratamiento irreversible, ya que el esmalte retirado no se regenera y el diente necesitará siempre una restauración similar.
Tanto en las carillas de porcelana como en las de composite, el objetivo es conseguir una sonrisa más luminosa, proporcional y armónica. Ambas carillas pueden transformar por completo la estética dental, pero es importante valorar aspectos como la durabilidad, el mantenimiento y las expectativas estéticas antes de escoger una u otra. Lo fundamental es ponerse siempre en manos de un profesional que guíe el proceso y garantice un resultado natural y acorde con el rostro del paciente.
El blanqueamiento dental.
La revista profesional Gaceta Dental subraya que el blanqueamiento dental es uno de los tratamientos estéticos más populares de nuestro país.
El blanqueamiento dental es un procedimiento estético destinado a aclarar la tonalidad de los dientes y reducir o eliminar manchas que se han acumulado con el tiempo. Su objetivo es mejorar la luminosidad de la sonrisa sin alterar la estructura natural del diente. Para conseguirlo, las clínicas dentales cuentan hoy con dos métodos principales, ambos seguros y efectivos.
El primero de ellos es el blanqueamiento con luz LED, un tratamiento que se lleva a cabo íntegramente en la clínica. Antes de comenzar, el dentista analiza el estado de dientes y encías para confirmar que el paciente puede someterse al procedimiento sin riesgo. También registra el color inicial de la dentadura para comprobar después la evolución. Una vez dado el visto bueno, se protege la encía con una barrera especial que evita el contacto directo del gel blanqueador y reduce la posibilidad de irritaciones. Sobre la superficie dental se aplica entonces un gel a base de peróxido de hidrógeno o de carbamida, sustancias que liberan oxígeno y actúan sobre los pigmentos responsables del oscurecimiento dental. Tras extenderlo, se reactiva el gel mediante una lámpara LED de alta intensidad, que acelera la reacción química y favorece que el blanqueamiento sea más rápido. Gracias a esta combinación, muchos pacientes aprecian resultados visibles desde la primera sesión y en pocas visitas logran un tono más claro y homogéneo.
La segunda opción es el blanqueamiento ambulatorio, que se realiza en casa siguiendo las pautas del dentista. Para prepararlo, el profesional toma una impresión de la boca o realiza un escáner digital con el fin de fabricar una férula personalizada. Esta férula, hecha de un material flexible y transparente, es el soporte donde se coloca el gel blanqueador que el paciente usará a diario. Una vez en casa, solo es necesario aplicar la cantidad indicada de gel en la férula y llevarla puesta durante varias horas, normalmente por la noche. El tratamiento se complementa con citas periódicas en la clínica para revisar el progreso, asegurarse de que todo evoluciona correctamente y adaptar la dosis de gel si es necesario. Aunque los resultados tardan un poco más en apreciarse que con el método LED, es un proceso cómodo y controlado.
Aunque nos estamos moviendo en un ámbito clínico seguro, el blanqueamiento por LED es más agresivo que el blanqueamiento por férula. Puede debilitar el esmalte de los dientes y provocar sensibilidad dental. Por lo que para algunos pacientes es más recomendable el tratamiento ambulatorio.
El paciente puede proponer, pero en cualquier caso, el dentista determina cuál de los dos métodos es el más adecuado según la situación bucal de cada persona. No todas las manchas pueden eliminarse por completo, especialmente aquellas profundas o de origen interno, y la prioridad siempre será mantener la salud dental por encima de cualquier resultado estético.
Buscar la opción más adecuada.
Entramos en el meollo de la cuestión. ¿Qué tratamiento elegir? ¿Carillas dentales o blanqueamiento? Y en caso de optar por una de las dos opciones: ¿Qué es mejor, carillas de porcelana o de composite? ¿Blanqueamiento por LED o blanqueamiento por férula?
Lo primero, antes de ir a una clínica dental, debemos tener claro cuál es nuestro objetivo estético. Cómo queremos quedar cuando termine el tratamiento. ¿Queremos disimular el amarillo que tenemos en los dientes, eliminar ciertas manchas en el esmalte o conseguir una sonrisa deslumbrante? Nuestro propósito orientará en gran medida nuestra elección.
Luego es fundamental dejarse aconsejar por el especialista. Una vez que le hemos planteado nuestro propósito y el dentista ha evaluado el estado de la dentadura, nos propondrá la opción u opciones más adecuadas. Un profesional competente nos expondrá los pros y contras de cada intervención.
Como hemos visto, en el caso del blanqueamiento dental, el dentista tiene la última palabra. Un blanqueamiento demasiado abrasivo puede comprometer la salud de la dentadura y ese es un riesgo que el facultativo no está dispuesto a asumir. Realiza tratamientos de estética, sí, pero ante todo es un profesional sanitario, cuya prioridad es cuidar la salud de sus pacientes.
La comunidad odontológica nos advierte de la dismorfia dental. Una obsesión excesiva por alcanzar la dentadura perfecta. Nuestra dentadura se puede mejorar, pero no podemos tener la sonrisa de tal actor o actriz famosa que hemos visto en televisión. Cada dentadura es única.
Por último, para seleccionar el tratamiento debemos valorar su permanencia en el tiempo. Un blanqueamiento nos puede dejar unos dientes preciosos, pero su efecto se va perdiendo con los meses.
Someterse a un blanqueamiento dental o colocarse unas carillas será una decisión que acuerden dentista y paciente conjuntamente. Decisión en la que nunca hay que perder de vista la salud de la dentadura.








